Código 888: Una pesadilla de ciencia ficción

Rick Deckard, expolicía y cazarrecompensas, quiere un animal real. Su oveja murió de tétanos poco después de la Guerra Mundial Terminal, y el clon eléctrico que la sustituye no le provoca emociones, sólo sirve para decorar el jardín y guardar las apariencias.

El novelista Philip K. Dick escribió en 1968 ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, una novela corta de ciencia ficción que inspiró al director Ridley Scott para crear una película que se hizo famosa por su densa atmósfera futurista y, sobre todo, por el dilema moral que planteaban sus protagonistas, los androides de última generación, casi humanos, Nexus 6, que buscaban su identidad mientras trataban de escapar de cazarrecompensas como Rick Deckard, los Blade Runner.

El visionario escritor de Chicago pretendía comprender un concepto abstracto y profundo que le obsesionaba, la realidad, y sin saberlo construyó en pocas páginas una auténtica profecía del mundo moderno. El apocalipsis no es tal hoy en día, por fortuna, como el que precede a su historia, pero en estos tiempos de cambios se está librando una guerra entre gigantes, sin final a la vista, cuyas consecuencias están dibujando, como poco, un inquietante futuro.

Hace años se definía como “la guerra por el usuario único” y la protagonizaban los recién nacidos portales, al amparo de grandes nombres “dot com”, junto a una explosión de proyectos start-up con fecha de caducidad, cuyo único objetivo a corto plazo (apenas tenían recursos para más) era acumular una suculenta cantidad de visitantes fieles, para terminar perdiendo su identidad como generadores de contenidos. Pasaban, a cambio de una buena cifra, a formar parte de los directorios. En realidad, la moneda de cambio, el visitante único, no ha cambiado, salvo por el pequeño detalle de que se ha multiplicado hasta formar una comunidad superior a los dos mil millones de usuarios que, tras la incursión de las redes sociales en el juego, además de navegar genera contenidos y aleja el deseado tráfico del control de los colosos.

Y después de fusiones, estrategias, genialidades y algunas caídas, colosos de verdad sobreviven dos: Google, “el señor de los links”, y la mayor revolución digital desde el nacimiento de Internet, Facebook, “el señor de los likes”. Dos gigantes en guerra por el control de los recursos, es decir, por recolectar perfiles, compradores potenciales para las grandes marcas. ¿Argumento de ciencia ficción? Ya hubiese querido el padre de los “andrillos” (término con el que se refiere Philip K. Dick a los androides en su novela) un panorama similar en aquel momento, o el escritor americano Alan E. Nourse, cuando construía el relato (The Bladerunner, 1974) que realmente dio el nombre a la película de Ridley Scott. También hubiesen deseado este entorno inspirador Carl Sagan o Isaac Asimov para sus cuentos y novelas, y seguramente también Arthur C. Clarke para su 2001: Una odisea espacial, la inspiración de Kubrick para hacer una de mis películas favoritas.

Un reciente artículo del empresario y escritor Andrew Keen para CNN (¿Son las redes sociales un asteroide para el dinosaurio Google?) explica muy bien la situación, una batalla entre “políticas de privacidad” que tendrá como premio… ¿el dominio del mercado digital? ¿El control de la información? La verdad es que ni eso está claro aún y es pronto para saberlo. Estamos en los inicios de una era que, de momento solo es eso, un principio. Una evolución que, curiosamente, no llama tanto la atención por su poder creciente y su velocidad de propagación, como por imitar con inquietante fidelidad los terrores nocturnos de aquella novela de los años sesenta.

La humanidad según Dick, lo que queda tras la guerra nuclear, ha perdido sus emociones, hasta el punto de que en todas las casas hay un  Órgano de Ánimos Penfield, un aparato diseñado un neurólogo que, mediante un programa determinado, induce emociones y comportamientos con sólo insertar un código. ¿Adivinan cual es el código 888? Deseos de ver la televisión, no importa lo que haya. ¿Les resulta familiar? Y mientras el ser humano se adormece, los Nexus 6, o replicantes, tienen un comportamiento tan real que ni siquiera los Blade Runner los descubren fácilmente. Y no sólo sueñan con ovejas eléctricas sino que se preguntan por su existencia, por una realidad que se diluye en sus fronteras, que parece tener más sentido en el interior de un código binario que fuera de el.

Anoche me desperté otra vez. La misma pesadilla que no consigo recordar, algo que se repite y olvido cuando abro los ojos. Para conciliar el sueño tengo que levantarme, pasear descalzo sobre el parquet y a veces, conectar mi portátil y navegar, buscar en otros lugares un pensamiento distinto, un encuentro, un contacto en la realidad virtual que me devuelva el ritmo tranquilo de la costumbre. Y últimamente me asusta pensar que no son viajes en realidad, y si lo son, ¿soy yo el que busca en aquel espacio? ¿soy mi replicante? Después no quiero volver a dormir, me visto, salgo a la calle y camino hacia lugares que pueda tocar. Cuento mis pasos, respiro el aire frío de la madrugada y doy vueltas a la misma pregunta de cada noche. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

I’ve seen things you people wouldn’t believe: Attack ships on fire off the shoulder of Orión. I’ve watched c-beams glitter in the dark near the Tannhäuser Gate. All those … moments will be lost in time, like tears…in rain. Time to die

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